LOS PANERO

 

 

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Hay pocas sagas familiares tan atormentadas y al mismo tiempo brillantes en la literatura española como la de los hijos de Leopoldo Panero; Los Panero han sido los grandes malditos del mundo artístico e intelectual del último cuarto del siglo XX, y este a su vez ha sentido una fascinación un tanto morbosa por ellos. Prueba de ello son las películas biográficas El desencanto de Jaime Chávarri y Después de tantos años de Ricardo Franco, en dónde los Panero abrían sus entrañas, exhibían su mutuo resentimiento y daban cuenta de su decadencia.

El pasado 20 de febrero en la Biblioteca Nacional de Madrid se presentaron las obras completas de Leopoldo Panero (1909-1962), poeta español llamado el “poeta del franquismo”  aunque  sin embargo estuvo a punto de ser fusilado a comienzos de la guerra por los nacionales, aunque más adelante se alistó en las tropas de Franco . A mi nunca me gustó, ni mucho ni poco, pero la vida de su familia, mujer e hijos, me ha fascinado siempre. Leopoldo Panero, se casa con Felicidad Blanc. Un matrimonio que arranca mal, con grandes ausencias del poeta en constantes viajes a Sudamérica. Felicidad, se ve atraída por Luis Cernuda, gran poeta y amigo de la familia con el que mantiene una constante relación epistolar en la que le cuenta al escritor sus frustraciones. Del matrimonio Panero nacen tres hijos: Juan Luís, Leopoldo María y José Moisés (Michi). Los tres serán escritores en el futuro.

Leopoldo María será el más famoso por su poesía, por sus excesos y por una esquizofrenia que la hará deambular muy pronto por hospitales, cárceles y manicomios en los que su madre, Felicidad, lo ingresa –después de la muerte de Panero padre- incapaz de poder controlarlo.

 
 EL DESENCANTO

En el año  1976 se estrena el documental, rodado en blanco y negro por el director de cine Jaime Chávarri a los 14 años de la muerte del poeta que, si en principio partía como ser un homenaje a Leopoldo Panero padre pronto tomó un rumbo completamente distinto cuando sus propios hijos y la mujer de éste, Felicidad, empiezan a despotricar contra el poeta acusándole de ausencias continuadas y olvidos imperdonables. La película marca la transición española hablando del “desencanto” hacia el pasado régimen, echando por tierra los valores morales del franquismo, tales como la unidad familiar, la religiosa o la social.

Tanto Michi como Juan Luís, recitando sus propios versos, pretenden dar una imagen más literaria pero las apariciones de Leopoldo a mitad del film, eclipsan cualquier otra secuencia que no cuente con su figura. Felicidad Blanc, en el papel de viuda, actúa como si fuera una actriz interpretándose a sí misma, contando recuerdos de su marido, convertido en una estatua en Astorga, y la preocupación por sus hijos pero, en la secuencia final,un dialogo entre Leopoldo, Michi y ella, se destapan todos los trapos sucios.  

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                                                  Los hermanos Panero  

La peli tiene dos partes bien diferenciadas; una en la que no aparece Leopoldo María Panero (aunque todos hablan de él) y otra, ya a mitad de película, en la que sí aparece, poniendo patas arriba todo lo que toca. En ésta primera parte, que comienza con un homenaje y descubrimiento de monumento a Leopoldo Panero en Astorga al que asiste la familia excepto Leopoldo María, todos hacen un relato algo amable y épico de la familia Panero como una saga de brillo y literatura, contando amistades celebres como las de Luis Rosales y Cernuda. Al principio aparece una tertulia entre Michi y Juan Luis Panero en la que sobreactuan, sobre todo éste último, que sale contando todos sus numerosos fetiches, como su cruz de Caravaca, un caballo japonés, una pistola, una navaja comprada en París.

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  Juan Luis Panero

 Cada miembro de la familia juega un rol, se inventa un papel en el film al que adaptarse, Juan Luis es el gracioso,  Michi es el niño bueno,  y Felicidad Blanc, la madre, toma el papel de gran señora de la alta sociedad, culta, dulce y de diálogo cargados de nostalgia poética. Leopoldo María no hace ningún papel, no actúa, es sencillamente el monstruo que lo rompe todo.

 Felicidad Blanc siempre es la parte positiva, quien trata de ver todo con buenos ojos, cuenta hermosas anécdotas del pasado, antes de convertirse en Felicidad Panero, una niña bien de la Castellana, que esquiaba en la sierra y jugaba al hockey, y que un día se enamoró de un poeta. A veces por debajo sus hijos airean algunos trapos sucios, como la venta de bienes de los Panero a la muerte del padre, o ciertas criticas hacia él. Cada hijo cuenta que a tras la muerte del padre todos trataron de sustituir su figura, unas veces Michi (el hijo pequeño) y otras Juan Luis, que comenta la anécdota de que en una ocasión un camarero le tomó por el gigoló de su madre. Tambien existe algún reproche hacia ella, pero de forma muy moderada. Pero sobre todo está patente en todo momento la figura paterna; la frase mas repetida es “tras la muerte de mi padre”. Pero hasta ese momento todo es tranquilo, todo es discreto.

 

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Autobiografía de Felicidad Blanc, publicada por Argos en 1977.

 

Cuando Leopoldo María Panero aparece en escena los argumentos de todos se vienen abajo. Comienza con un propósito de desmitificar la leyenda épica de los Panero que él pensaba trataba de reflejar la película. Cuando está junto a su madre y hermano Michi, la tensión es abrumadora. Empieza por destapar todas las historias sórdidas que guarda la familia, reduciendola a un drama que destrozó su vida, hablando de su padre como un ser brutal, al que le pone el mote de “Conejo Blanco”. Señala como máxima culpable a su madre (que le escucha con una aparente serenidad) de la ruina personal de su existencia, y suele echar cientos de puyas a su hermano Michi. De sus hermanos habla de forma desigual; mientras de Michi comenta que “es un esquizofrénico, pero que es una cosa preciosa, y por eso es un ser encantador”, mientras que de Juan Luis dice “el otro es un paranoico, y la paranoia es algo muy desagradable, es una locura que lo pasa mal”.

Todo de lo que habla Leopoldo María Panero resulta ciertamente desagradable, aberrante: sus intentos de suicidio, su adicción a las drogas. Su madre le interna para curarle y Leopoldo María le reprocha que lo hiciera porque “lo peor no es que se haya tratado de suicidar, sino que se droga”. Felicidad creía que lo único que consumía su hijo era hachís, pero desconocía por completo que consumía desde alcohol hasta heroína. Leopoldo Maria ha recorrido casi todos los manicomios de Cienpozuelos y de éste al de Mondragón (del que escribió un libro de poemas), y ha estado ingresado en psiquiátricos de de España, Ciempozuelos, Mondragón, Leganés… Actualmente se encuentra en tratamiento psiquiátrico en un psiquiátrico de Canarias.

Quizás lo que sorprende de El desencanto es que se trata (o trataba) de una familia adinerada, culta, admirada por todos, cuyos cabeza de familia eran un celebre poeta y una encantadora mujer con maneras de la alta sociedad, cuyos tres hijos tienen una buena educación en el Liceo italiano y que se acaban convirtiendo en poetas, en literatos, uno de ellos en alguien muy importante, Leopoldo María. Pero la película (o ellos mismos puede ser) nos presenta una familia rota, disgregada, frágil, llena de resentimientos y disputas entre hermanos, marcada por la muerte, el alcoholismo y la locura.  
 

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Leopoldo María Panero 

 

Juan Luis  es poeta. Ha vivido en  París y Londres, ciudades en las que estudió Literatura y Lengua francesa e inglesa. Viajó por Europa, Oriente Medio, norte de África, Estados Unidos y México. En este último país residió y trabajó para una editora norteamericana.  En la actualidad vive en el Ampurdan.
  

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  Michi Panero          

 
 Fuentes:

http://diariodeunesqueleto.blogspot.com/2006/06/casa-de-los-panero-en-astorga.html

http://gabrielabril.blogspot.com/2007_05_13_archive.html

http://www.elpais.com

http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/panero.html

http://www.elpais.com/articulo/cultura

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