TODO ESTO PARA QUÉ

«…sé que es un libro
incómodo porque nadie quiere oír hablar del cáncer, pero estamos conviviendo
con él, y la ficción sirve para eso, para hablar de todo aquello que queremos evitar,
de una manera diferente…»

(Lionel Shriver)

 

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Lionel Shriver, Anagrama, mayo 2012, 24,90€

Traducción: Daniel Najmías

 

Lo primero es que reconozco que no me atraía en absoluto leer una novela sobre enfermedades, pero lo que me atrajo de ese libro es su autora: la que escribió Tenemos que hablar de Kevin , una de mis novelas fetiche.

Me he alegrado mucho de haber leído este libro, la enfermedad es casi lo de menos.
Shriver nos muestra una historia de la clase media baja norteamericana, con una descripción perfecta  y morosa de todos sus personajes, que ha hecho que me lea de un tirón 559 páginas y que me ha descubierto que, si queremos, podemos tener Otra
Vida. No hay excusas.

La novela narra la historia de  un norteamericano medio , Shep Knacker, un hombre hecho a sí mismo, que sueña con retirarse a vivir a un país lejano (y barato) y que  lo ve frustrado  cuando su mujer enferma y se ve obligado a pagar facturas millonarias. Montó una empresa de servicios, una lampistería, y se hace con una pequeña fortuna que en un país tercermudista, valdrá mucho más y en la que podría vivir tranquilamente con su esposa Glynis y su dos hijos, Amelia y Zach y en donde tendrán  «Otra vida»·, que no es la vida que les espera en los Estados Unidos, sino que otro mundo es posible, un mundo en el que la gente sonríe y vive sin pensar en lo que tenía o dejaba de tener.

En un momento determinado Shep vende su empresa a uno de sus empleados por un millón de dólares,  sigue trabajando en ella lo que iban a ser unos meses por razones fiscales, pero pasan varios años hasta que se da cuenta de que su esposa, a quién él suponía comprometida con su sueño, ha ido demorando la partida.

Decidido a irse, Shep compra los billetes, de ida solamente, a la lejana isla de Pemba, cerca de Madagascar, y la misma noche en que le dice a su mujer que piensa marcharse con o sin ella, ella le cuenta que acaba de descubrir que tiene mesotelioma peritoneal una extraña variante de cáncer que parece ser tiene como origen la exposición de Glynis al amianto, el material aislante con el que se trabajaba en los 70 y que luego se prohibió por cancerígeno), sino en el tema de la enfermedad y en lo
que cuesta estar vivo.

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Lionel Shriver

Pero el núcleo de la novela no es propiamente el cáncer, no el dolor, sufrimiento y coste emocional sino el tema de estar enfermo y en lo que cuesta estar vivo en un país como Estados Unidos donde una simple sesión de quimioterapia puede costar 40.000 euros y donde el sistema sanitario es un desastroso servicio para sus ciudadanos, capaz de convertir al enfermo en una máquina de hacer dinero para las cada vez más exigentes aseguradoras. Según Shriver : «…Es una industria que no produce nada, sólo chupan los recursos del asegurado. «The New York Times» publicó un artículo en el que aseguraba que el mayor motivo de bancarrota eran las facturas médicas. La mayoría tienen seguros, pero no cubren todo y esto demuestra que hay algo podrido en el sistema… los seguros médicos ganan con no dejar a la gente morir… «

Pero ¿quién piensa en dinero cuando la vida de alguien a quién se quiere está en juego?. Un planteamiento duro con cifras concretas: las que inician cada capítulo de la novela: los dólares de la cuenta corriente de Shep Knacker, que van disminuyendo al ritmo al que se apaga la vida de su mujer.

La novela nos lleva por otra vía, según señala Isabel Molina en su artículo El derecho a sentirse mal:  «…El vocabulario que rodea al cáncer parece a veces más propio de un conflicto armado que de una enfermedad que se padece, se sufre, se vive, en la que se sobrevive o se muere, como en tantas otras. Batalla, lucha, vencer, combatir,
pelear…
Es constante el uso que se hace de este lenguaje bélico, y que curiosamente exige al mismo tiempo optimismo, fuerza, ánimos e incluso una sonrisa. Y nadie va a la guerra tan contento.

Shriver, a través de unos personajes muy bien construidos, critica esa imposición social de lucha y optimismo que muchos enfermos sencillamente no son capaces de acatar, lo que crea en ellos frustración, tristeza e incluso culpa por no estar haciendo todo lo posible por «vencer al cáncer’. La decepción de una derrota cuando ni siquiera hahabido guerra.

Sentirse animado tiene un indudable efecto positivo en una persona enferma: estará más dispuesta a seguir el tratamiento, su dolor será más llevadero y en definitiva,
estando enfermo o sano, la alegría siempre produce bienestar. Pero, ¿y si uno no quiere luchar porque sabe que no puede influir en el curso de la enfermedad?, ¿y si se siente tan mal que no sólo no sonríe sino que es desagradable consigo mismo y con todo el mundo a su alrededor?. ..».
Es el caso de Glynis.

Muy recomendable.

Fuentes:

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/31/cultura/1338460976.html

http://radiosintesis.wordpress.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Lionel_Shriver

 

 

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