MARIA MOLINER

MARIA MOLINER 

(1900-1981) 

Nueva edicion de su diccionario de uso del español

 

{mosimage} 

 

En el año 2000 se celebró el centenario del nacimiento de Maria Moliner (foto 1), autora del “Diccionario del uso del español”, que publicara por primera vez  la editorial Gredos entre los años 1966/67. 

El por qué de traer esta noticia a cuento viene porque el el pasado 25 de septiembre de 2007 se presentó en Madrid la tercera edición (foto 2) que contiene ya voces tan actuales como "blog", "chat", "inalámbrico", "SMS", "burka", "pilates" o "flipante", y expresiones como "violencia de género" o "salir del armario". Esta edición contiene unos 12.000 términos nuevos de un total de 94.000 entradas y, aunque tiene como referencia el español que se habla en España, incorpora también numerosos americanismos.

 

{mosimage}María Moliner se basó para su gran obra en la edición de 1956 del Diccionario de la Real Academia Española, pero "lo enriqueció" con el lenguaje de la calle y de los medios de comunicación. Por eso el Moliner suele incluir expresiones que no figuran en el DRAE, y por eso mismo su diccionario es mucho más rico y, yo añadiría, mucho más práctico: de la idea a la palabra y de esta a la idea. Así, de cada palabra ofrece toda la información útil que ha encontrado, con catálogos de palabras relacionadas y remitiendo a otras palabras. Ya su título demuestra la genialidad de la autora: es un diccionario de “uso”, no normativo, como el de la Real Academia. 

Y aunque  “el María Moliner” es muy conocido y consultado su autora no tanto.  Brevemente diremos que nació en un pueblo de Zaragoza en 1900 y moriría de Alzheimer en Madrid en 1981. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza. Ya en la universidad obtuvo la Licenciatura de Filosofía y Letras y en 1922 sacaría las oposiciones del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arquólogos. Se casó en 1925 con el físico Fernando Ramón (foto 3) con el que tuvo cuatro hijos.

{mosimage}Participó muy activamente en muchas de las actividades culturales nacidas  del espíritu de la II República lo que le llevaría, al término de la guerra civil, a duras represalias: su marido es suspendido de empleo y sueldo hasta 1946 y ella misma pierde 18 puestos en su escalafón de su carrera que no recupera hasta 1958. De 1946 a 1970, en que se jubila, trabaja en la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros  industriales de Madrid. 
 

En 1972 Rafael Lapesa y Dámaso Alonso presentaron su candidatura para que ingresara en la Real Academia Española, pero su nombre fue rechazado. 

Su obra sigue plenamente vigente y todavía hoy las muchas dudas que la lengua plantea acaban encontrando solución en este diccionario, como así lo demuestra este comentario de María Antonia Martín Zorraquino. Catedrática de Lengua Española de la Universidad de Zaragoza y Comisaria de los actos del Centenario del nacimiento de María Moliner : “El valor de la obra de María Moliner radica en su originalidad y, sobre todo, en el esfuerzo grandioso que encierra, especialmente en la dimensión más puramente lexicográfica, es decir, en lo que afecta a las definiciones que contiene y que reflejan una técnica inteligente y riguroso…., su mérito no reside en el caudal de voces que incluye sino en conjugar tres propiedades o características fundamentales: presentar el diccionario como una «herramienta total del léxico»; tratar de superar el análisis tradicional de las unidades léxicas, e intentar establecer una separación entre el léxico usual y el léxico inusual. Aunque el primero de esos objetivos estaba presente ya en el diccionario de D. Julio Casares (Diccionario ideológico de la lengua española), hay que subrayar que María Moliner lo desarrolló de forma original, incluyendo no sólo catálogos de sinónimos y palabras afines, para muchas entradas, sino aportando los datos precisos sobre la construcción y el régimen de cada unidad; por otra parte, conjugó la presentación rigurosamente alfabética de las palabras (no consideró como letras la ch ni la ll), con una agrupación por familias léxicas de las mismas atendiendo a su parentesco etimológico. Pero fue en el segundo aspecto –la superación del análisis tradicional de las unidades léxicas–, donde se manifestó más poderosamente la capacidad de la autora, pues no sólo evita la definición circular, para lo cual inventa una minuciosa jerarquización lógica de los conceptos, sino que desmonta una por una todas las definiciones de la Academia y las vuelve a redactar en español del siglo XX, dándoles, en muchos casos una precisión que les faltaba y desdoblándolas a menudo en nuevas acepciones y subacepciones que recogen matices relevantes.

 

Por último reseñar, que la influencia de María Moliner llega hasta nuestros días. Recientemente el sinólogo holandés Hans Kisling, ha editado el diccionario “ Chinese characters for everybody” como el primero etimológico popular de la lengua china, con traducción al inglés. Utiliza el método de María Moliner y la labor de los misioneros jesuitas sobre el significado esencial de cada símbolo. 

 {mosimage}{mosimage}

 

La fascinación que produce el chino, con miles de caracteres que se remontan a la antigüedad, corre pareja a la dificultad para dominar su escritura. Los niños dedican en China largas horas a copiar unos signos de los que suelen desconocer el origen. Tampoco los diccionarios al uso están pensados para el gran público. La versión inglesa, que aparecerá en enero, será la primera. Luego llegarán las traducciones a otros idiomas, como el español.

El libro supone tres décadas de trabajo del autor, de 63 años, que se ha provisto de diccionarios y textos de consulta para presentar la "construcción de los caracteres chinos desde el primitivo hasta el moderno de forma accesible y capaz de tentar al lector occidental y ayudar al oriental", según afirma. Después de estudiar 7.000 signos (de los que espera publicar 4.000 en varias entregas) traza en este primer volumen la trayectoria de 675 en tres momentos: unos 2.000 años antes de Cristo, 100 años después de Cristo y la era actual.

 {mosimage}

 

Al tratarse de una obra de divulgación, a los tres caracteres explicados, su pronunciación china y la traducción al inglés, se añade una obra de arte y un poema creados para la ocasión. Con los ingresos de la venta del diccionario, que ya se puede encargar en Internet (www.china-y.com), Kisling ayudará a los niños de la guerra de Ruanda. Lo que es un aliciente más para los curiosos e interesados en la difícil lengua china.

(El País, 11 de diciembre de 2007)

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *