LA PROMESA DEL ALBA


LA PROMESA DEL ALBA

 

 Romain Gary

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DeBolsillo, 2008

   

“La promesa del alba” es un libro de memorias en el que Romain Gary relata sus años de infancia y juventud a modo de homenaje a su madre, Nina Kacew, junto a la que huyó de Moscú en busca de un mundo mejor. Una obra estupenda y recomendable.


{mosimage}El novelista Romain Gary (1914-1980) es poco conocido en nuestro país, pues sus libros apenas han sido traducidos al castellano. El escritor nació en Vilnius (Lituania), con el nombre de Roman Kacew. A los 14 años su madre y él se instalaron en Niza, donde tenían parientes Allí estudió Gary el bachiller y en Aix-en-Provence y París su licenciatura en derecho. Un oficio que nunca ejerció.


Gary cumplía el servicio militar en el Ejército del Aire francés cuando, en septiembre de 1939, los nazis invadieron Polonia. En 1940, después de que el mariscal Pétain firmara la rendición y formara en Vichy un gobierno colaboracionista, Gary se dispuso a pasar a Inglaterra siguiendo el llamamiento del general De Gaulle (18 de junio de 1940). “. El 5 de julio de 1940, Gary y varios compañeros de la milicia estaban en Casablanca intentando saltar a Inglaterra. Al fin lo consiguieron en un carguero que, tras diecisiete días de navegación y ser bombardeado por la aviación alemana, llegó al puerto británico de Greenok.


 

Después de entrar en la RAF como bombardero, Gary pasó, en septiembre de 1941, a formar parte del grupo nº 1 “Lorena”, dentro de las fuerzas aéreas francesas libres. Pronto serían enviados al Norte de África.

 

El 30 de julio de 1940, la escuadrilla de Gary recibió la orden de unirse en Jartún a las tropas británicas que se disponían a desalojar a los italianos de Abisinia. Un viaje que duró once días. Sin apenas víveres (Gary llevaba consigo sólo unos botes de compota), tuvieron que vivir de la caza. Al verse obligados a beber en los ríos que encontraron a su paso, se infectaron de tifus. La fiebre tifoidea se le reproduciría gravemente a Gary en diciembre de 1941, cuando la escuadrilla estaba ya en Damasco.


En septiembre de 1942, Gary,  ascendido ya a teniente, y sus compañeros de escuadrilla fueron enviados de vuelta a Inglaterra en barco, lo que resultó otra aventura peligrosa (sesenta y ocho días en el mar, acosados por los submarinos y la aviación alemana). En su nuevo destino iba a continuar la guerra, jugándose la vida en cada misión. El 16 de mayo de 1944, recién salido del hospital, fue destinado como jefe de la cancillería en el Estado Mayor del general Corniglion-Molinier. Este general lo había escogido por ser licenciado en derecho y, sobre todo, porque hablaba y escribía perfectamente el inglés, el ruso, el alemán y el polaco.

 

{mosimage}Durante su estancia en Londres, aún tuvo tiempo de conocer a muchas mujeres (nunca pudo vivir sin tenerlas a su alrededor) y entre ellas a Lesley Blanch, una periodista y escritora inglesa con quien se casó antes de que terminara la guerra.


Ya fuera en el desierto africano o en la campiña inglesa, Gary pasó, durante la guerra, muchas horas escribiendo la primera novela que vería publicada: Éducation européenne, que apareció primero en lengua inglesa. El libro está dedicado a su compañero Robert Colcanap, un joven que no había cumplido los dieciocho años cuando salió de Brest en una frágil embarcación hacia Inglaterra antes de que De Gaulle llamara a la resistencia.


A la madre de Gary la había matado un cáncer en 1941 y su padre, con buena parte de la familia, fue masacrado por los nazis en Auschwitz. De esto último se enteró Gary terminada la guerra. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en el Servicio Exterior, donde ocupó diversos cargos, uno de ellos el de Cónsul de Francia en Los Ángeles, siempre acompañado de su esposa Lesley, que se encargaba más que él de las pesadas labores protocolarias, lo que no le impidió ser una escritora de éxito.


Gary sirvió como diplomático en varias embajadas y misiones, en Bulgaria, Suiza, Nueva York, Bolivia, Naciones Unidas  y en el ya citado consulado de Los Ángeles, pero los odios, en algún caso, y cierto desprecio por su actitudes “bohemias”, propio de una casa tan formal y añosa como el Quai d’Orsay, le impidieron llegar a ser Embajador, título al que aspiraba.


Romain Gary, que usó tres seudónimos en su vida literaria (Émile Ajar, Shatan Bogat y Fosco Sinibaldi) trabajó su literatura como un forzado y lo normal era que acometiera la redacción de dos, incluso tres, novelas al mismo tiempo. Pronto se convirtió en un escritor muy conocido especialmente en el área anglosajona. En 1956 obtuvo el premio Goncourt por su novela Les racines du ciel, a la que habían precedido La tulipe (1946), Le grand Vestiare (1949)  y Les couleurs du jour (1952). A partir del Goncourt y hasta su muerte en 1980 publicó en francés alrededor de veinticinco novelas, aparte de guiones cinematográficos (por ejemplo: El día más largo, la película sobre el desembarco aliado en Normandía), alguna obra de teatro, narraciones cortas y un notable número de reportajes. También escribió directamente en inglés media docena de novelas que publicó en Inglaterra y en los Estados Unidos. Sin embargo, Gary no tuvo suerte con la versión cinematográfica que se hizo de algunas de sus novelas, como Lady L., que dirigió Peter Ustinov, con Sofía Loren y Paul Newman, Les racines du ciel que rodó John Huston, con Juliette Greco y Errol Flynn o Chien blanc, que dirigió Samuel Fuller. Tampoco las dos películas que Gary dirigió: Les oiseaux vont mourir au Pérou (1968) y Kill (1972) tuvieron mucho éxito.


Gary, que nunca participó activamente en la vida política francesa, siempre se sintió ligado personalmente al General De Gaulle, con quien mantuvo una relación de amistosa lealtad. En el campo cultural fue amigo y admirador de dos resistentes como él: André Malraux y Albert Camus.

 

 

Su intensa, agitada y múltiple vida sentimental fue tolerada por su esposa hasta que Gary –hasta entonces hombre de amores pasajeros- se enamoró perdidamente de una joven a quien conoció en California, cuando ella tenía la propuesta de rodar dos películas: con Otto Preminger (Bonjour tristesse) y con Jean Luc Godard, respectivamente. Aquella hermosa muchacha se llamaba Jean Seberg. La protagonista de À bout de soufle quedó enganchada del ya maduro Romain Gary, con quien acabó casándose después de que éste obtuviera el divorcio de Lesley Blanch. Ésta no se lo puso fácil: “Prefiero ser la viuda de Gary a ser su ex-esposa”, había anunciado antes de arruinarlo en un proceso de separación que dejó exhausto al escritor.


{mosimage}La norteamericana Jean Seberg, nacida en una familia burguesa y puritana de Iowa, tuvo con Gary un hijo, Diego, antes de que los padres hubieran podido casarse. Era una mujer tan bella como psicológicamente inestable y, aparte de sus aventuras eróticas con personajes diversos, desde el escritor mexicano Carlos Fuentes al actor Clint Eastwood, se sintió atraída por el movimiento de los Panteras Negras, quienes la explotaron sin piedad, económica y sexualmente.


El abstemio Gary, que detestaba “el alcohol, los alcohólicos… y al mariscal Petain”, hubo de soportar el alcoholismo y la drogodependencia de su esposa y sus radicalidades políticas, que él rechazaba.


El matrimonio no duró mucho, pero Gary mantuvo hasta el final una actitud protectora hacia la madre de su hijo, de suerte que ella siempre dispuso de un apartamento, propiedad de Gary, en el amplio piso que él había comprado y dividido en París, en la rue du Bac. También fue Gary quien pagó los frecuentes y costosos tratamientos psiquiátricos a los que Jean Seberg, cada vez más deteriorada, hubo de someterse hasta su triste muerte.


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Myriam Anissimov, Roman Gary, le caméleon

Ed. Dénoel, 2004


El escritor, que sentía atracción por lo camaleónico, ya había publicado alguna novela menor bajo seudónimo, pero al inicio de los años setenta se decidió a montar una de las bromas literarias más sonadas de la Historia. “Estaba harto de la imagen de Romain Gary que me habían colgado a la espalda… y, sobre todo, añoraba la juventud, el comienzo, el primer libro”.


Fue así como nació Émile Ajar, un escritor que en 1973 envió a la editorial Gallimard, supuestamente desde Brasil, el manuscrito de una novela titulada “La soledad de una serpiente pitón en París”, cuyo título, finalmente, fue Gros- Câlin. Robert Gallimard pasó la novela al comité de lectura de su editorial, al que pertenecían, entre otros, Raymond Queneau y Colette Duhamel. El comité recomendó su publicación.

 

Cuando la novela apareció en las librerías durante el otoño de 1974, todos los críticos sin excepción elogiaron la irrupción de un escritor “nuevo y rompedor”, sin sospechar quién podía estar detrás de aquel desconocido Émile Ajar. Estos profesionales de la crítica consideraron que el estilo de Ajar era completamente nuevo, sin apercibirse de las indudables coincidencias puntuales que había entre Gros-Câlin  y obras anteriores de Gary, como Education européenne, Le Gran Vestiaire, La promesse de l’aube, Adieu Gary Cooper o La Tulipe y, sobre todo, con Les têtes de Stephanie, publicada pocos meses antes, en donde aparecen metáforas e incluso personajes muy parecidos a los utilizados.


{mosimage}En cualquier caso, cabe preguntarse por qué una mistificación de tal tamaño fue admitida por la crítica sin mayores reticencias. Probablemente, porque querían creérselo. Porque Ajar se presentaba como un escritor “nuevo” que ellos, los críticos, se creían en la obligación de “descubrir”.


Encantado con el éxito de ventas y dispuesto a seguir adelante, Gary completó la biografía del Émile Ajar, sin que nadie se apercibiera de que aquella vida “real” se parecía sospechosamente a la vida “literaria” de Fosco Zaga, el protagonista de una novela anterior de Gary, Les Enchanteurs. Pocos podían imaginar que en aquellos días Gary estaba escribiendo, a la vez, dos novelas: Au-delà de cette limite votre ticket n’est plus valable, que publicaría con su nombre, y La tendresse des pierres, cuyo autor sería Émile Ajar, y que, finalmente, se tituló La vie devant soi. Por la mañana dictaba a su secretaria como Émile Ajar y por la tarde como Romain Gary.


La vie devant soi obtuvo el premio Goncourt de 1975. Esta vez, Gary dejó que las cosas llegaran hasta el final, pero, aconsejado por su abogada, la conocida letrada parisina Gisèle Halimi, Émile Ajar renunció al premio una vez obtenido. Las razones de la letrada eran evidentes: el Goncourt, según sus propias bases, no podía otorgarse dos veces a la misma persona y, tarde o temprano, el secreto saldría a la luz. Pero Gary se empecinó en que el engaño siguiera más allá de su muerte.


Presionado cada vez más por los periodistas, el editor Robert Gallimard, que era uno de los pocos que estaban en el secreto, pretendió que Gary descubriera el pastel, pero éste no estuvo dispuesto a ello e ideó una vuelta de tuerca. Firmó un contrato con un primo suyo, Paul Pavlowitch, que era también escritor, en el cual Paul se comprometía a mantener el secreto y a ponerle cara y carnet de identidad a Émile Ajar. A cambio, cobraría el 40% de los derechos de autor. Fue así como Ajar salió del armario y se multiplicaron las entrevistas con Paul Pavlowitch, el primo de Gary, lo cual levantó algunas sospechas que Gary se encargó de eliminar, argumentando, por ejemplo, que él había publicado otra novela (Au delà de cette limite…) al mismo tiempo que la de Émile Ajar.


Émile Ajar publicó, siempre con éxito, dos novelas más: Pseudo (1976) y L’angoisse du roi Salomon (1979). Ello no impidió que Gary publicara con su nombre en esos años varias novelas: La nuit sera calme (1974), Les oiseaux vont mourir au Pérou (1975), Clair de femme (1977) -llevada al cine por Costa Gavras, con Romy Schneider e Ives Montand; la película tuvo malas críticas pero fue un éxito en taquilla-, Charge d’âme (1977), La Bonne Moitié (comedia, 1979), Les clowns lyriques (1979) y Les cerfs-volants (1980).


El 18 de agosto de 1979, Jean Seberg, en un estado calamitoso, se tiró al metro en la estación de Montparnasse, pero el conductor tuvo tiempo de frenar y desconectar la corriente eléctrica, salvándola de una muerte segura, pero, poco más tarde, el 4 de septiembre, un hombre que paseaba su perro por la calle General Appert de París descubrió, dentro de un Renault 5 de color blanco que estaba allí aparcado, un bulto envuelto en una manta. Era el cuerpo en descomposición de la actriz. Su compañero de ocasión, el pequeño delincuente argelino Hamed Hasni, que se aprovechaba de ella, había denunciado la desaparición de Jean Seberg el 30 de agosto. La autopsia mostró que la actriz, antes de morir, se había bebido una botella de licor y había tomado una buena cantidad de barbitúricos. Con semejante ingesta había entrado en coma de inmediato. La policía sospechó que el cuerpo, ya sin vida, había sido puesto en el coche por Hamed Hasni, pero nunca pudo demostrarlo.


Romain Gary, acompañado por su hijo Diego, dio una rueda de prensa en la que acusó al FBI de haber provocado, indirectamente, el suicidio de su ex-mujer con persecuciones y calumnias a causa de su antigua militancia en el movimiento de los Panteras Negras. La afirmación era muy discutible, pero Gary había hecho la denuncia, según confesó a un amigo, “para salvar el honor de mi hijo”. Contra todo pronóstico, el día siguiente al de los funerales, un portavoz del FBI, en una nota que publicaron todos los periódicos norteamericanos, le dio la razón a Gary, admitiendo las calumnias que el FBI había lanzado contra la actriz en 1970. “Sí, el FBI la difamó para neutralizarla. En aquella época se hacían esas cosas, pero eso ya no se hace ni se hará más”, reconoció William Webster, que era el director del FBI en 1979.


El martes 2 de diciembre de 1980, Gary almorzó con Claude Gallimard en el restaurante Le Recamier. Volvió a su casa de la rue du Bac en el coche del editor y subió a su piso. Su hijo estaba ausente, también la mujer con quien entonces convivía Gary, Leïla Chellabi. Llamó por teléfono a su amiga Suzanne Salmanowitz de Ginebra para pedirle que fuera a recogerlo al aeropuerto de esa ciudad, a donde pensaba llegar a las tres de la tarde del miércoles, le dijo. Nada más colgar, entró en su habitación, cerró las persianas y las dobles cortinas. Sacó de una maleta el revólver Smith&Wesson calibre 38 especial, que tenía en su poder desde hacía muchos años. Se puso ropa de dormir y se acostó, poniendo una toalla roja sobre la almohada. Metió el cañon del revólver en su boca y apretó el gatillo.


Gary dejó escritas varias cartas de despedida. Una de ellas dirigida a los periódicos: “¿Por qué? Probablemente haya que buscar la respuesta en el título de mi obra autobiográfica La nuit sera calme (La noche estará en calma) y en las palabras finales de mi última novela: pues no se podía decir mejor. Me he agotado hasta el fondo. R. Gary”.


Siguiendo las órdenes dejadas por Gary, el cuerpo fue incinerado en el cementerio de Père Lachaise y sus cenizas, según la voluntad del fallecido, “esparcidas en el mar o en un bosque”.


Dos días antes de morir, Gary había enviado a Gallimard su testamento  literario: Vie et mort d’Émile Ajar, indicando que el libro se debía publicar en las fechas que determinaran Robert y Claude Gallimard de acuerdo con su hijo Diego.

 

Obras en castellano:

 

La vida ante sí, DeBolsillo, 2008

Las raíces del cielo, DelBolsillo, 2008

 

 

Para saber más:

 

 

http://www.literaturas.com/v010/sec0603/memoria/memoria.htm

 

http://www.romaingary.org/

 

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